lunes, 15 de enero de 2018

la ambición como la pasión, puede generar armonía u obsesión.

          Leyendo un artículo en el diario El País  (14/01/18 sobre la ambición, firmado por I. Serrano- Rosa,  me venía a la memoria la similitud que tiene con la pasión y posibles nexos que les une a la hora  de  relacionarlo con los deportistas de alto rendimiento. A veces se identifica en ellos la ambición y la pasión, sin tener claro si se consideran  atributos en términos positivos o negativos, armónicos u obsesivos, constructivos o destructivos.
        La ambición  “el querer más” genera un fuerte impulso orientado hacia el logro,  hacia  la superación de las tareas necesarias para alcanzar  las metas autoimpuestas.  Nos estimula  para progresar y abordar los cambios necesarios para sortear los obstáculos y mantener una actitud  proactiva y persistente, a lo largo de todo el camino. Es decir, se entiende como  la búsqueda del  máximo desarrollo del propio potencial activado para alcanzar una meta.  En este caso, estamos de acuerdo con el contenido del artículo que la considera como la versión sana que implica valentía, entusiasmo y capacidad de liderazgo.
          Sin embargo, la ambición mal enfocada, la que busca el afán de superación de los demás, antes que la autosuperación,   centrada en conseguir resultados  a cualquier precio, carente de integridad  y  de funcionamiento ético, es la que genera comportamientos obsesivos y destructivos, impactando negativamente en la salud mental de los deportistas y en su satisfacción vital. Desgraciadamente existen numerosos ejemplos en el deporte de alto rendimiento, en los que ocurre esto.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

la pasión acelera la creatividad y la mejora

         Leyendo un artículo en el Diario Vasco (5/12/17), relacionado con el segundo encuentro de emprendedores y realizado por el Instituto Lizardi, me llamó la atención  la asociación que se establecia en él entre la pasión, la creatividad y el conocimiento para alcanzar la excelencia.
        También se planteaba un interesante dilema: ¿qué era más importante? la creatividad o el conocimiento. En este sentido, lo asociaba al eterno dilema que se plantea en el alto rendimiento sobre el talento y el esfuerzo. Y, curiosamente,  en ambos  casos  surge la pasión como elemento fundamental para  alcanzar lo que se busque.
          “En la vida siempre tienes que intentar hacer las cosas porque te apasionen, porque esa será la manera de conseguir darlo todo y alcanzar los objetivos que te propongas”. El conocimiento y el esfuerzo alimentados por la pasión, son necesarios para desarrollar la creatividad y el talento en cualquier faceta de la vida. Además, pertenece al mundo de la motivación intrínseca.

una de cal y otra de arena

          En unas declaraciones realizadas por el jugador uruguayo del C.F. Barcelona. L. Suarez, publicadas en el diario Marca (4/12/17), comentaba : “Hay veces que uno sabe que por mucho que haga el balón no entrará”. Es evidente que este tipo de pensamientos no ayudan conseguir goles. Es un claro ejemplo de la profecía autocumplida, o como se conoce en psicología “el efecto Pigmalión”.
       Anticipar satisfacción o imaginar situaciones futuras realizando  las tareas adecuadas relacionadas con el logro, ayudan conseguirlo. Además, el “efecto Pigmalión” siempre se cumple para lo  malo, para lo negativo, disminuyendo las probabilidades de que los acontecimientos sucedan como desearíamos.
         Pero, por otro lado también señalaba en el mismo artículo “ en mi vida he buscado siempre superarme”. Lo que le diria a los jóvenes es que nunca bajen los brazos, que si uno quiere una cosa, puede hacerla, buscar la superación y nunca conformarse con lo que tenga, queriendo siempre más”.  Curiosos pensamientos contradictorios en un deportista excelente porque, mientras el primero disminuye las probabilidades de alcanzar el logro deseado, el segundo supone una de las claves para conseguir el máximo desarrollo potencial.

domingo, 3 de diciembre de 2017

una jugarreta mental

          Sucedió en un partido que estaba observando correspondiente al segundo equipo de la Real Sociedad de Fútbol, y me llamó la atención por lo absurdo de la decisión tomada por uno de los jugadores que disputaban el partido. En un contraataque, el delantero que va a rematar no va a alcanzar el balón y, al ver que le va a superar saca, de forma incosciente, las dos manos para rematarlo, lo que supone la segunda tarjeta amarilla y la expulsión del campo. Pero no sólo eso, porque su equipo estaba en superioridad numérica de 11 contra 10 y, automáticamente, perdió esa superioridad y se igualaron nuevamente los equipos de 10 contra 10.
           Es evidente que el jugador no tuvo tiempo de reflexionar sobre las consecuencias inmediatas de su acción, porque si no no la hubiera realizado. ¿Cómo se explica eso? A veces en los entrenamientos, cuando el balón les supera, acostumbran a rematarlo con las manos o a pararlo para que no se aleje demasiado. En esta ocasión su actividad mental le ha ofrecido la misma solución, rematar con las manos, y como no tuvo tiempo para pensarla, la ejecuto según le vino a la cabeza, que le jugó “una mala pasada”.

          Lo mismo le sucedió a otro jugador que, estando encima de la linea lateral del campo y para no perder tiempo con el balón, lo paró con las manos dentro del terreno de juego. También segunda amarilla y al vestuario.  Son dos excelentes ejemplos que evidencian  el funcionamiento de la Toma de Decisiones Rápidas (TDR) y la importancia de entrenarlas  previamente antes de salir a competir.